domingo, 9 de mayo de 2021

Tigia. Demon Torithánatos III. Epílogo (final de la serie)

 Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo XV

 Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo XIV

 Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo XIII

 Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo XII

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo XI

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo X

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro II. Capítulo IX

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro II. Capítulo VIII

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro II. Capítulo VII

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro II. Capítulo VI
Tigia. Demon Torithánatos III. Libro I. Capítulo V
Tigia. Demon Torithánatos III. Libro I. Capítulo IV 

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro I. Capítulo III

Lo hecho no podía deshacerse, pero la magia otorgada sí podía ser retirada. En todo el Multiverso, la inmensa mayoría de quienes manejaban las magias mantuvieron su habilidad, pero los ejércitos de Demon se desmoronaron sin remedio, privadas de la esencia del desaparecido Sangrëi.

En Gea no experimentaron grandes cambios, excepto un alivio notable al ver desaparecer a sus enemigos, y Asamaie La Bella durmió muchas horas seguidas y se despertó cuando quiso.

En Terra, sin embargo, tuvieron que dar explicaciones muy detalladas acerca de aquel «ataque extraterrestre». La CH mintió como nunca, siempre por bien del pueblo no mágico, aunque Maruh’ dimitió por diferencias irreconciliables, y en la interred empezaron a filtrarse documentos densos y otros en formato de cómic con información que casi nadie leyó y menos creyeron.

Entre las aprendices de la antigua Escuela de Alta Magia, diseminadas por el Multiverso, los poderes se extinguieron, se atenuaron o se mantuvieron, dependiendo de si su magia provenía en todo o en parte de los Sangrëis o les pertenecía por derecho.

Furívaz se vio de pronto convertido en una persona normal, o al menos en una no mágica, pero no se libró de los juicios por su pasado, cuyos veredictos, justos con los acontecimientos, pero bastante benévolos con su persona, acató con voluntad inquebrantable. Venus le acompañó, pero en la perra no quedaba nada de la Sangrëi. Henma y Kush se mantuvieron un tiempo en Djerra, pero con el tiempo regresaron a su plano de origen, felices por lo que habían impulsado.

Si Pavla, esta vez sí una humana sin rastro de magia, regresó a Djerra, y para qué y con quién, eso queda para su intimidad.

La hechicera de gatos descubrió que, a fin de cuentas, su poder no procedía de Hadallúa, así que tan feliz, con su cari que también podía hacer sus pequeñas magias, y pasando en casa todo el tiempo posible, que bastante habían viajado ya.

Los equipos de magia integrada tuvieron que buscar nuevas vías para coordinarse, pues los geianos habían perdido su habilidad, desaparecida la magia pavliana. Pero en general se las arreglaron bien.

En Geia, sin poderes, no les fue mal, un mundo repoblado en el que Thieg, Kazrine y Txutxi seguían siendo personas importantes después de la guerra. Los dos últimos echaban mucho de menos sus aventuras, así que de vez en cuando alguna hechicera se ponía a su servicio para un viajecito, durante los cuales encontraron a infinidad de personas nuevas, algunas especiales y otras no tanto. L’ydi y los otros del equipo siguieron visitando a Thieg casi todas las semanas.

Mhariâ viajó la Escuela de Alta Magia para levantarla de nuevo, en recuerdo de los Sangrëi desaparecidos, y para preparar a la futura generación de hechiceras y hechiceros naturales, con ayuda de las pocas compañeras supervivientes que conservaron su magia.

Thieg, el de Terra, pudo volver a Terra, pero se sentía más a gusto junto a la pequeña agrupación de músicas hechiceras, que perseveraron en su empeño y se dedicaron a dar ocasionales conciertos por todo el Multiverso, o al menos en los planos poblados, que seguían siendo una misérrima minoría.

Híbona no fue la última mortal del Multiverso. Dejémoslo ahí.

***

Mirabella permitió a los Sangrëi que lo desearon continuar su vida como seres normales, aunque no fue lo habitual. La mayoría prefirió acabar con todo, privados de su poder, y unirse de nuevo a la magia original.

Eliminó toda la magia oscura de la CM Sangrëi, que quedó incorporada al Multiverso, cuyas estructuras se relajaron aún más, de modo que cualquier hechicera o mago pudiera trasladarse al plano que desease.

Solo con Tigia hizo una excepción, y aunque su magia también fue absorbida en el tronco mágico, aisló el conjunto de sus planos coevolutivos, de modo que sus etéreos habitantes libres quedaron al margen del resto del Multiverso, al menos hasta que este decida por sí mismo si quiere o puede seguir aquella vía evolutiva.

Allí se instaló Mirabella. Y allí permanecerá hasta que el Multiverso vuelva a multiplicarse, o hasta que descubra si realmente su existencia tiene un sentido trascendente y hay alguien que la espera para acogerla amorosamente.

O, quizá, simplemente, hasta que vuelva a aburrirse.

viernes, 30 de abril de 2021

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo XV

 Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo XIV

 Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo XIII

 Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo XII

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo XI

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo X

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro II. Capítulo IX

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro II. Capítulo VIII

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro II. Capítulo VII

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro II. Capítulo VI
Tigia. Demon Torithánatos III. Libro I. Capítulo V
Tigia. Demon Torithánatos III. Libro I. Capítulo IV 

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro I. Capítulo III

 

No eran un gran ejército, pero eso no las detendría. Durante todo aquel día habían comunicado sus intenciones en los enclaves cercanos. Aprendices de cinco planos se habían unido al grupo de rescate, tras reunir a las respectivas poblaciones, entre ellas sus familias, en uno más grande que luego fue evacuado por los Sangrëi a uno de los planos controlados por ellos. No sabían qué les esperaba, o qué harían después, en caso de que vencieran, porque era imposible mantener el plano a salvo si no recibían más ayuda, pero así y todo no se amedrentaron.

En sus saltos pudieron ver una vez más el daño inmenso que había causado Demon.

Furívaz se había desprendido de su armadura, básicamente porque le resultaba muy pesada y no quería gastar energías con un hechizo, y caminaba junto al resto, vestido apenas con andrajos. Khrist y Lùar caminaban cogidos de las manos, y Zarpitas, muy ufano, avanzaba rodeado por las jóvenes hechiceras. Puerta tras puerta, siguiendo el deteriorado dibujo de la red defensiva, se acercaron a la Escuela de Alta Magia.

Se hallaban en un plano desolado, pero su escaso número facilitó que pasaran inadvertidas, y pudieron detenerse y comprobar desde allí cómo estaba la situación. La mayoría de los planos disponibles estaban asolados, aunque de los trescientos que controlaba la Comunidad Sangrëi no se había perdido ninguno. Sin duda aquel debía ser el núcleo de la resistencia, aun sin el Archimago, porque desde allí se podía coordinar al resto. Y sin duda por eso Demon había puesto especial énfasis en destruirlo.

Comprobaron que las fuerzas enemigas eran muy superiores, y las dudas empezaron a desinflar los ánimos.

Necesitamos gente que cubra nuestra retaguardia y ponga sobre aviso a los Sangrëi si nuestro intento es vano. –Furívaz designó a las más jóvenes para aquel trabajo, con el fin de no avergonzarlas por no entrar en lucha y minimizar el peligro. Si es que eso era posible–. Estad atentas, porque también en este plano hay enemigos. Visualizad bien el camino más corto para llegar a uno de los trescientos planos, y no dudéis en acudir allí si os atacan o nosotras no lo conseguimos –ordenó.

Después de aquellas palabras, que ni intentaron ser arenga ni mucho menos, cruzaron a la Escuela de Alta Magia, cuya sede había sido deconstruida y deslocalizada desde los cimientos.

Argrimor decidió que no tenían por qué dar ningún aviso de su presencia, así que se lanzaron a la eliminación de enemigos tan pronto pusieron un pie en el plano.

Los brujos de Demon, inadvertidos y confiados después de la victoria, tardaron en reaccionar, y cuando lo hicieron sus filas habían sufrido una importante merma. Pero una vez comenzada la lucha, plenamente activos sus enemigos, inmediatamente se dieron cuenta de que de esa manera no iban a ganarla.

De acuerdo, Venus, tú ganas –susurró Argrimor.

Empleó su magia para crear una barrera protectora en torno de sus acompañantes, que ellas mismas apuntalaron, y decidió salir a enfrentarse a las hechiceras.

Si veis que me ataca cualquier cosa que no sea mágica, más vale que la anuléis o voy a tener serios problemas –pidió.

Hacía mucho que no entraba en un combate digno de tal nombre, aunque tenía serias dudas de que aquello lo fuera, y no contaba ni con su águila, ni con su armadura, ni con su espada ni con el miedo que el nombre de su orden de caballería solía infligir en los enemigos, haciéndole ganar combates antes de comenzar. Ni con su juventud, ya de paso.

A decir verdad, solo contaba con una imprudencia digna de una epopeya compuesta por el peor poeta de la historia –al que, por cierto, conoció, y se parecía bastante a él mismo–. Así y todo, el granito de arena que quedaba de la inmensa playa que Venus había preparado para esta guerra dio un paso al frente. Y otro. Y otro más.

Por el poder de Venus y de los Caballeros de la Orden de las Águilas Blancas, reclamo este plano y os insto a abandonarlo bajo pena de muerte –clamó. O al menos vociferó con cierto control tonal.

Los brujos, que no habían cesado de lanzar sus hechizos contra el grupo de hechiceras, repararon en él y le clavaron sus ojos muertos.

De entre sus filas, una voz de mujer sonó como un verdadero clamor que golpeó sus oídos con su risa.

¡Ríndete y muere, caballero! ¡O muere simplemente, como prefieras!

Antes de que su risa se hubiera agotado, cientos de conjuros le alcanzaron y pasaron de largo. Se aclaró la garganta, aunque sabía que ni en su mejor día alcanzaría la calidad de voz demostrado por la mujer, y volvió a lanzar su desafío.

¡Por el poder de Venus y de los Caballeros de la Orden de las Águilas Blancas, reclamo este plano y os insto a abandonarlo bajo pena de muerte! –repitió, bastante más orgulloso del resultado.

Como única respuesta, la misma cantidad de conjuros variados cayó sobre su cuerpo.

«Pues va a ser por las malas», pensó. Esperaba que a él no le tocaran «las peores».

Los conjuros se aglomeraban en su mente sin tener que pensarlos, hasta el punto de que en un par de ocasiones se le mezclaron y terminó exhalando vocablos sin sentido –afortunadamente, porque de la misma manera podía haberse autolesionado–. Redobló la concentración hasta ser uno con la tarea; el mundo desapareció, y se instaló en un estado de flujo en el que lo único importante era acabar con la amenaza que tenía delante. Como su magia era la de Venus, la mayoría de las veces el resultado era que los muertos recuperaban su entidad original, pero en este caso la mayoría parecía haberse afiliado a las huestes demoniacas con todas sus ganas, así que se vio obligado a fulminarlos. Pero todo flujo tiene un final, y el agotamiento hizo mella en él, tal como era previsible.

Aún quedaban muchos enemigos por batir, y empezaron a aproximarse, sacando a relucir metales que poco tenían de mágicos. Si hubiera tenido sus armas, no hubiera podido ni sujetarlas, así que empezó a planificar una renqueante retirada.

Cogió una piedra puntiaguda y se la lanzó al más cercano de los atacantes, fallando por tanto que casi dio al segundo, aunque tampoco.

«Pues qué muerte tan poco glamurosa», pensó mientras un hacha se acercaba peligrosamente a su cabeza.

Sus reflejos, a fin de cuentas, sacaron fuerzas de donde no había, y consiguió fintar el golpe y arrearle uno a su adversario, que lo desequilibró lo justo. Pero ya se enfrentaba al segundo, y esta vez no había nada que hacer.

No ha estado mal, ¿eh?, pero pensaba que eso de los caballeros era otra cosa. –La voz un poco desdeñosa de Khristphunch sonó justo a su lado, mientras unas garras impresionantes salían de sus dedos y descerebraban al hechicero oscuro, mandándole a una muerte de la que esperaba que no podría volver.

Unos brazos le sujetaron y le levantaron en vilo, situándole junto al grupo de hechiceras amigas, que para entonces había avanzado hasta llegar a su posición y se dedicaba a ultimar brujos con bastante eficiencia. Mhariâ parecía embargada por emociones antiguas, y movía sus dedos a una velocidad sobrehumana mientras los hechizos se precipitaban hacia los brujos, diezmando sus filas.

Observaron con cierta euforia contenida cómo sus enemigos al fin se retiraban. La mujer de voz estentórea avanzó hasta situarse frente al grupo.

Sois valientes, seréis un buen remplazo para aquellos que habéis aniquilado –se burló.

Khrist se adelantó a responder.

Eso nos dijo ayer tu jefe, justo antes de huir como una rata –se jactó la hechicera de gatos.

La expresión de la mujer se alteró mínimamente, pero enseguida una sonrisa cínica campeó en su rostro.

Bueno, yo no voy a irme a ningún sitio.

Allí donde alcanzaban sus ojos, miles de puertas se abrieron a su alrededor. Fila tras fila de soldados y brujos de Demon salieron prestos a la lucha.

A su espalda, las jóvenes vigilantes aparecieron también en el plano, y sus expresiones parecían desesperadas.

¡No vendrá nadie, y no hay sitio donde ir! ¡Los trescientos planos están siendo atacados! –gimió Lynha.

La sonrisa de la bruja acentuó su cinismo.

***

Venus había seguido a Demon justo hasta el límite de los Antagónicos, pero no pasó de allí. No quería perderse, y su hermano podía entrar y salir a voluntad por cualquier punto del Multiverso, mientras que ella dudaba si sería capaz de encontrar de nuevo el propio portal de entrada.

Avisó a sus hermanos y hermanas para que estuvieran atentos a los pasos de Demon. Dentro del desastre, habían podido concentrar a la población superviviente en unos cientos de planos, y la mayoría estaban más o menos conectados, por lo que la vigilancia resultaba tristemente sencilla.

Pero no podía jugar con Demon a las persecuciones. Si la evitaba, si no la enfrentaba, no podría nada contra él, y escaparía constantemente a sus planos, de donde saldría por un lugar distinto y alejado, y así cuantas veces fuera necesario, mientras en cada salida podía hacer mucho daño.

Si conocía a su táctico hermano mayor, sabía que pronto comenzaría el ataque contra los enclaves supervivientes. Podía volver a Djerra y recorrer su CM ayudando a los habitantes de los planos en sus luchas, pero esto solo era una solución a corto plazo. Poco a poco, los ejércitos de Demon irían erosionando la vida, los enclaves se reducirían, tal vez se reagruparían, se concentrarían, y finalmente la vida se agotaría, porque también los Sangrëi irían cayendo. Seguramente este proceso podría desarrollarse a lo largo de milenios, pero era inevitable.

Venus no podía permitir ese curso de los acontecimientos.

Ignoraba qué habría sucedido con Mirabella y la piedra de sangre, pero estaba dispuesta a averiguarlo. Incluso una decisión definitiva de la primera Sangrëi era preferible a medio plazo que lo que les esperaba si no hacían nada.

Volvería a Tigia. Y entraría en los Antagónicos por allí, si hacía falta, sabiendo que le cubrían la retirada. Si había suerte, aún encontraría allí a Demon y podría derrotarlo ella misma.

Le preocupó no encontrar a ninguno de los habitantes. Sabía que su hermana no le contestaría, pero los seres etéreos que les habían recibido en la anterior ocasión tampoco respondieron a su requerimiento.

Continuó su camino, pasando de plano en plano, todos vacíos. Aceleró la marcha, acercándose cada vez más al hogar de Sím’O, adonde se dirigía el grupo con la piedra. Justo antes de llegar los encontró. Un verdadero ejército de seres incorpóreos que se agolpaban en cientos de puertas abiertas a los Antagónicos, dispuestos para la acción, pero paralizados por algún motivo que se le escapaba.

Se apresuró hasta llegar a una de las puertas, y miró por primera vez en su vida al interior de los Antagónicos. Se hubiera sentido sobrecogida por su aspecto si Mirabella no hubiera captado toda su atención. Y era Mirabella, no cabía la menor duda, la Sangrëi, la hermana mayor, la compañera, la amiga, la madre, la que les había dado identidad y podía quitársela.

Y, frente a ella, la criatura más hermosa jamás nacida en el Multiverso.

***

Demon había escapado de Venus y la había llevado hasta el borde de sus planos, donde ella se había detenido. Cabía dentro de lo probable, pero tarde o temprano cometería un error y penetraría en aquel lugar de donde jamás saldría. De momento, el Sangrëi aprovecharía para volver a salir, ejecutar a alguno de sus hermanos, desolar algún plano y regresar. Pronto comenzaría el asalto definitivo, lento, metódico, pero exitoso sin remedio.

Percibió la presencia de sus hermanas atrapadas allí, y se vio reconfortado al confirmar que sus planes se cumplían. Cuanto más trataran de escapar, más profundamente se verían envueltas en las nieblas.

Abrió una puerta para volver al Multiverso, esta vez acabaría con el Señor del Panteón, ese pomposo que se creía todo un parlamento de dioses. Extendió las alas para salir y sintió un entumecimiento que ralentizaba sus músculos. El segundo fracaso le preocupó más. Algo tiraba de él, no cabía duda.

Se dio la vuelta esperando enfrentar a un enemigo suficientemente incauto como para tratar de cogerle desprevenido, pero el paisaje cotidiano no escondía sorpresas de ese tipo.

La atracción se incrementó, empezaba a resultar insoportable, y entonces la comprensión se abrió paso y estalló en un flujo incesante.

¡Matadla! –bramó de manera incoherente, arengando a las tropas hasta el momento destinadas al espionaje–. ¡Acabad con ella! –ordenó, aunque sabía que era mandarlos a la destrucción.

La fuerza de atracción se hizo irresistible, y en aquel lugar desestructurado no tardó en apresarlo y transportarlo hasta el lugar donde era requerido.

***

Mirabella despertó al contacto con su sangre. Su parte humana estaba muy lejos, todavía diciéndose que no era posible, que aquello era un error, rezando a su dios ignorado para que les salvase de aquellos poderes incomprensibles para un mortal.

La Sangrëi original no sabía si algún dios escucharía las plegarias, pero sí era consciente de su propia grandeza, de su capacidad inconmensurable, y también de sus limitaciones y errores. En otro tiempo había escuchado sus instintos desgranados, y esta era la consecuencia. No volvería a suceder.

Aferró a Demon allí donde se encontraba y lo atrajo hacia ella. Quería mirar su rostro amado una vez más.

***

Las huestes habían tratado de cumplir su orden, condicionadas para hacerlo fueran cuales fueran las circunstancias, y en torno a Mirabella se extendían los campos devastados del plano original, pero despejados de nieblas en cientos de metros a la redonda; los antiguos ejércitos se hallaban desperdigados, arrebatada la magia que les había proporcionado aquella grotesca sobrevida.

Pero aquellos eran sus dominios, y no iba a mostrarse sumiso.

Así que al fin has vuelto, hermana. ¿Vas a unirte a mí, según tu voluntad original, o seguirás temiendo lo que creamos?

Mirabella observó a su hermano más antiguo, al más querido en un lejano día, y lloró sin vergüenza ante todas las reunidas.

Te fallé, porque debí detenerte. Pero tú elegiste tu camino.

Demon rio.

Todos elegimos nuestro camino, pero tú nos inspiraste. Mi anhelo es tu anhelo.

Mirabella asintió.

Sí, y puede hacerse realidad. Nada podría impedírnoslo.

Demon Torithánatos apretó los puños, se encogió y luego estalló:

¡Podemos controlarlo! ¡Podemos dar forma al mundo que queremos, no tenemos que depender de fuerzas desconocidas! –gritaba para abarcarlo todo, para imponer su evidencia sobre quienes se negaban a ver el mundo como era. Pero su hermana no entendía.

Lanzó sus ataques a la vez, veintitrés formas de magia robada que podrían aniquilar universos enteros. Y que no tuvieron el menor efecto en su hermana, más allá de una acentuación de su tristeza.

Demon había agotado las magias arrebatadas a sus hermanas y hermanos asesinados, pero aún conservaba la suya propia, y convocó las nieblas de toda su CM para que se cerniesen sobre los intrusos, mientras ensayaba una escapatoria.

Soles agotados, superpuestos, exprimidos, se avergozaron sobre un mundo muerto en el que ya no quedaban nieblas para ocultar su impudor, absorbida su fuerza en el tronco de la que había surgido.

Ni siquiera entonces Demon se rindió. Convocó la magia subyacente al plano Sangrëi, la magia original a la que había torturado durante milenios, pero esta se sublevó y lo atacó, liberada al fin, arrancando las plumas de sus alas y arrojándolo lejos.

Mirabella no dejó de mirar a su hermano durante todo su estallido de impotente ira. Luego dirigió la mirada al resto de los presentes. Se acercó a Kazrine y a Txutxi y les abrazó.

Lo hecho no puede deshacerse, pero también vosotros tenéis derecho a elegir –manifestó.

Los dos geianos fueron los únicos que no comprendieron el sentido de sus palabras. Demon aulló de rabia mal contenida. Hadallúa asintió y mantuvo el gesto impávido, acariciando en sus brazos al enorme gato que había desanidado de su cabeza, mientras la Sangrëi vampira volvía a cubrirse con la capucha. Pavla abrazó a Mirabella mientras Venus se acercaba al resto de las Sangrëi y les lamía las manos.

viernes, 23 de abril de 2021

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo XIV

 

 Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo XIII

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Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo XI

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo X

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro II. Capítulo IX

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro II. Capítulo VIII

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro II. Capítulo VII

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro II. Capítulo VI
Tigia. Demon Torithánatos III. Libro I. Capítulo V
Tigia. Demon Torithánatos III. Libro I. Capítulo IV 

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro I. Capítulo III

 

Tres planos recuperados a coste humano cero, al menos por parte de las hechiceras de Terra, porque las poblaciones autóctonas habían sido casi exterminadas cuando llegaron. Reunieron a las supervivientes en Geia, que los geanos habían terminado de liberar, y se dispusieron a continuar las intervenciones defensivas. La CM contaba aún con cinco planos cuyo color indicaba que aún no estaban totalmente desolados, así que plantearon la estrategia para avanzar desde el más cercano hasta donde pudieran llegar. Habían sido dos días intensos, y suponían que no les quedaba mucho tiempo antes de la reacción de las plagas de Demon.

Aquella tarde se produjo el ataque, y los planes quedaron en nada.

***

Emam A y Asamaie La Bella descansaban después de su última intervención en Gea. Como tantas otras, habían hecho cuanto habían podido para ayudar en los planos cercanos, y finalmente colaboraron para expulsar a los últimos invasores de Geia. Se habían merecido el descanso.

No habían dormido una hora cuando el infierno se desató.

***

Thieg se dedicó personalmente a librar de los últimos enemigos a su plano, junto a los terranos que conformaban su equipo de magia integrada. Tenían previsto pasar a Terra para reunirse con sus familias y descansar después de tanto tiempo fuera, haciendo de salvadores del Multiverso.

No era un papel, o al menos no uno que pudieran dejar de representar de momento.

***

Había sido una tarde entera de tranquilidad, desde que Venus anuló el peligro. Seguían sin geianos, pero los grupos decidieron que, aun sin potenciadores de magia, podían seguir trabajando juntos. La mayoría de las personas que habían acudido a la lucha, en parte porque en un núcleo más grande pensaban que tendrían más seguridad, decidieron regresar de momento a sus antiguas poblaciones, muchas de las cuales encontraron devastadas, por lo que pasaron el día reubicando y construyendo rápidas edificaciones donde convivir, además de ocupar hasta el último rincón del castillo de Argrimor.

El día siguiente lo aprovecharon para apuntalar lo hecho hasta el momento, y las mujeres dirimieron las disputas que inevitablemente debían producirse en tales aglomeraciones. Empezaban a pensar que el futuro podía tener futuro.

Y la tarde les arrebató la ilusión.

***

Durante dos días, y mientras Demon Torithánatos atraía la atención de Venus hacia los planos Antagónicos, sus ejércitos masacraron el Multiverso. Dos días, durante los cuales los defensores se afanarían por ayudar a los indefensos, una vez destruida su estúpida red defensiva. Y entonces los ejércitos de Demon, bajo su mando, comenzarían el asalto a aquellos enclaves resistentes, agotados y sin posibilidad de defensa ante el abrumador número de tropas que se les vendrían encima.

No sería rápido, de eso Híbona estaba segura, porque aún quedaban Sangrëi vivos, y porque las hechiceras eran fuertes, pero después de milenios de milenios su señor podía esperar. Y ella también. Porque viviría hasta ver al último de ellos exhalar su último aliento, y no tenía ninguna prisa por que eso sucediera.

viernes, 16 de abril de 2021

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo XIII

 Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo XII

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo XI

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro III (y último de la serie). Capítulo X

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro II. Capítulo IX

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro II. Capítulo VIII

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro II. Capítulo VII

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro II. Capítulo VI
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Tigia. Demon Torithánatos III. Libro I. Capítulo IV 

Tigia. Demon Torithánatos III. Libro I. Capítulo III

 

A pesar de los avisos y de la preparación por parte de Henma y Kush, el ataque las había cogido por sorpresa, y cierta parte de la organización se desmoronó en cinco minutos; en efecto, tan pronto como vieron aparecer a los primeros invasores, los nuevos reclutas abrieron portales intraplanos y regresaron a sus hogares y a los suyos, lo que nadie podía recriminarles.

Los invasores se vinieron arriba al ver la desbandada, y renovaron los ataques con más ímpetu. Sin Kazrine ni ninguna otra geiana para coordinar los grupos interespecies, las técnicas de magia integrada resultaban inservibles, aunque los grupos más estables se mantuvieron firmes, mientras Kush y Henma coordinaban los grupos de mujeres, que conocían el terreno y habían aprendido a defenderse.

Pero si habían pensado que el abandono de los reclutas era una huida, estaba claro que no conocían bien la idiosincrasia que se había instalado en aquel plano. Por las mismas puertas por las que los aprendices de mago habían abandonado el campo de batalla, retornaban ahora aldeas y pueblos enteros de trolls de cristal de roca, elfas del bosque, licántropas salvajes, humanas anarcas y gnomas pendencieras que se enfrentaron por sus propios medios a los ejércitos de Demon, haciéndoles retroceder en todos los frentes.

Así que cuando Venus regresó a Djerra con Argrimor, nada más dejar en Terra a los dos altos hechiceros y con una mezcla de furia contenida y vértigo ante lo que pudiera estar sucediendo, se encontró con que la lucha estaba bastante inclinada a su favor.

Así y todo, y tras asegurarse que no se trataba de una celada y que no había más ejércitos esperando, desató al completo sus emociones y su poder sobre todo lo descubierto, y los ejércitos enemigos quedaron anulados al instante. Demon había capturado sus ejércitos en diversos momentos y lugares del Multiverso, y en la mayoría de los casos habían sido criaturas inocentes, sometidas a sus horribles transformaciones; todas ellas recuperaron su personalidad original, cayendo muertas la mayoría –sobrepasado con creces su tiempo natural de vida– con una expresión de paz en sus rostros o lo que tuvieran para expresar sus emociones. Los más jóvenes fueron acogidos por los djerranos como las víctimas que eran. En otros casos, y a pesar de las torturas infligidas, habían aceptado voluntariamente enrolarse en los ejércitos de Demon, y entre los que aún vivían hubo quien no cejó en su empeño de destrucción, así que tuvieron que ser sometidos por la fuerza, mientras el resto deponía las armas, artificiales o naturales.

Así pues, el plano quedó libre de enemigos, y Venus decidió no hacer más planes. En realidad solo había un objetivo posible. Mirabella había viajado a los Antagónicos para enfrentarse a Demon y había fracasado. Ya había quien se dedicaba a buscarla. Pero Torithánatos seguía vivo y activo –Venus había sentido la muerte del Archimago–, y no podía permitirle continuar si estaba en su mano detenerle. Prácticamente todo el Multiverso había caído ante su poder, pero todavía estaban a tiempo de salvar muchas cosas.

Me lo debes. –El tono de la afirmación de Argrimor era demasiado enfático como para denotar seguridad en la certeza de sus palabras.

Verdaderas o no, Venus no lo contradijo. El caballero vestía la armadura de caballero de las Águilas Blancas, y no estaba en ella tan imponente como antaño, si acaso alguna vez lo estuvo. Pero no era momento para críticas.

La Sangrëi buscó a su hermano oscuro hasta que estuvo segura de dónde se hallaba, y entonces se apresuró hacia él, con Argrimor a su rebufo.

Fue una carrera que supo que iba a perder desde que la emprendió.

***

Demon Torithánatos desencadenó su poder destructor sobre aquel pequeño grupo de hechiceras menores, cuya defensa musical desarticuló sin esfuerzo. Percibía la cascada de sus emociones, primero la sorpresa ante su verdadera apariencia, su admiración incondicional que devenía en vertiginoso desamparo ante la burla colosal que suponía tanta maldad envuelta en abismal belleza. Serían buenos reclutas para su ejército.

Desde el centro mismo del círculo una criatura minúscula lanzó un sonido estridente que apenas precedió a su irrupción salvaje, un salto increíble que superó el círculo de hechiceras y cuyo objetivo era el rostro del Sangrëi, que apenas consiguió evitar el ataque haciéndose a un lado. Cuatro rayas de sangre se dibujaron en la inmaculada tersura de su piel, las primeras heridas en la existencia de un ser cuya longevidad competía con el tiempo.

¡Zarpitas! –gritó un coro de voces asustadas y encorajinadas ante la aparición, y se prepararon para un ataque imposible que pusiera a salvo tanto valor o rubricara un final con dignidad incontestable.

Pero Demon Torithánatos se repuso de inmediato de aquel fútil asalto, e invocó toda la crueldad de su magia desquiciada contra el pequeño felino, que en su inocente intrepidez se disponía a saltar de nuevo.

No llegó a moverse de su sitio.

Porque en el mismo momento en que las alas de Demon alcanzaban su máxima incandescencia, la realidad vibró con la inminencia de un portal que se abría, y dos nuevas presencias se precipitaron en la estancia. Ante ellas, y con un rugido de frustración, el ser demoníaco retrocedió... y huyó.

Argrimor, con más alivio del que hubiera experimentado en toda su longeva existencia, no siguió a Venus cuando esta continuó la persecución.

***

Tampoco esperaba un reconocimiento, pero le sorprendió que el grupo entero pasara corriendo a su lado para ir al encuentro del pequeño gato de Khristphunch, que por primera vez desde que le conocía mostraba una expresión de absoluto terror y temblaba descontroladamente.

¡Oh, Zarpitas, como vuelvas a hacer algo así, te… te...! –Y la hechicera de gatos lo cogió del suelo y lo estrechó fuertemente mientras le cubría de besos.

¡Zarpitas nos ha salvado! –gritó una joven alta y atlética, y las risas de Havir se contagiaron al resto.

Thieg y Lùar miraron a Argrimor con cierta ironía, y se acercaron a abrazarle, incluso con armadura.

Estás… raro –acogió Lùar.

Y yo que pensaba que normalmente vestías mal… pues tu traje de los domingos se ha quedado anticuado –recibió Thieg.

Una joven se acercó al pequeño grupo.

Por cierto, esta es Mhariâ, ¡casi no la conoces! –presentó Thieg.

La joven le dio dos besos a Furívaz.

Encantado, o más, dadas las circunstancias –devolvió–. Pero quizá deberíamos marcharnos de aquí antes de que vuelvan a atacarnos, porque ahí fuera hay mucha gente con intenciones poco razonables.

¡Acaba de llegar y ya está mandando! De verdad, ¡la próxima vez a ver si no nos das estos sustos! –exclamó Khristphunch, con Zarpitas de vuelta en sus brazos después de que hubiera recorrido los de todas las demás–. ¿Y dónde se supone que vamos a ir?

Mhariâ intervino con timidez.

Sé que no es vuestra lucha, pero yo voy a buscar a otras aprendices y a recuperar la Escuela de Alta Magia –expuso con creciente decisión.

Todas estuvieron de acuerdo en que ahora sí era su lucha. Y, efectivamente, no había muchos lugares a los que acudir.

***

Txutxi recuperó la conciencia casi en el mismo momento en que la perdía, así que se dijo que simplemente había tropezado y continuó hacia el tipo que había visto, al que pensaba reventar. Pero enseguida se desorientó, pues ya no percibía en su interior la magia absorbente, por lo cual había perdido la referencia.

A pesar de todo, se dio cuenta de que sí era capaz de vislumbrar a través de las nieblas infaustas, y desde luego podía ver al ser que se acercaba. En algún lugar de su mente se encendió una lucecita de advertencia, porque no le parecía halagüeño que, lejos de intentar huir de su furia, el personaje se aproximara a él. Pero, al menos de lejos, parecía humano, por lo que no pensaba detenerse, y se preparó internamente para acoger y devolver cualquier hechizo que le enviase.

Ninguna magia llegó a él, y el tipo, que era tipa, llenó su silueta con detalles más concretos, hasta que el joven geiano no pudo evitar aceptar que había reconocido a su perseguida, por muy difícil de creer que pudiera ser.

Ambos compartían la misma perplejidad.

Pero ¿qué pintas aquí? –exclamaron a la vez.

Ninguno dio respuesta, pero ambos estaban seguros de que no era una trampa.

¿No estabas en Djerra? –reaccionó el joven, un poco agresivo.

Y tú en Geia… –se defendió ella.

¡Pues vale! ¿Y ahora estás aquí?

Vinimos a rescatar a Mirabella y a las demás –explicó Kazrine.

Pues yo estoy con ellas.

Los dos se quedaron mirándose, en silencio, varios segundos.

Sím’O se hizo presente, para sobresalto del joven.

¿Y este fantasma?

Nos ha ayudado a entrar aquí, es Sím’O.

¡Ah! Pues hola –saludó, con expresión hosca.

El «fantasma» respondió con un gesto de cabeza, un escueto «hola» y una sonrisa irónica antes de intervenir con más profusión.

Sabéis dónde estamos, ¿verdad?

¡Hostia, es sierto! –expresó Kazrine–. Tenemos que rescatar a las Sangrëi.

Están ahí, ¿no las veis? –señaló Txutxi, pero el camino que había seguido volvía a estar bloqueado por las nieblas–. ¡Estaban ahí!

Las veo –intervino la piedra de sangre.

Txutxi dio un bote. Kazrine le mostró la mano y su contenido, que el joven observó con cierto distanciamiento, el cual incrementó en el momento en que la piedra empezó a vibrar.

Kazrine recogió la magia de la piedra, y Txutxi pudo sentir que también él la percibía. Era idéntica a la que le había llevado hasta allí. Pero ahora facilitaba el deslumbramiento del camino de vuelta, por lo que no dijo nada, y simplemente guio la magia hasta las cuatro Sangrëi. Hadallúa y la vampira recogieron del suelo a Mirabella en cuanto les divisaron, y Pavla abrió la marcha.

La vibración de la piedra de sangre no dejaba de incrementarse, y las nieblas se difuminaban en círculos más amplios, desvelando el mundo desolado en el que se hallaban. Desolado, pero no vacío. A su alrededor, vigilándolos de lejos, ejércitos de seres diabólicos acechaban el encuentro de los dos grupos sin intervenir, en cumplimiento estricto de las órdenes que habían recibido.

Mirabella comenzó a caminar por su propio pie, mientras la piedra de sangre trataba de recordarla, sacarla del sopor de milenios en que se había sumido voluntariamente. Las hermanas la soltaron y adelantó a Pavla, ansiosa del reencuentro.

Txutxi y Kazrine podían sentir las dos fuerzas idénticas, buscándose, solapándose y fundiéndose para volver a ser una, mientras la sangre llamaba a la sangre y Mirabella tomaba conciencia de su ser completo.

La piedra se diluyó y el líquido recorrió el espacio, ansiosa, hasta contactar con la piel de la mujer y ser absorbida a su interior.

(Txutxi prefirió no pensar en qué estaría pensando la Sangrëi vampira, pero se separó un poco por si acaso, arrastrando a Kazrine con él).

Pero ninguna de las Sangrëi podía disimular la tensión del momento. Habían comprendido lo que significaba aquella piedra, plenamente consciente, y lo que sucedería a continuación. Incluso el gato de Hadallúa miraba con fija expectación a la más anciana de las Sangrëi mientras accedía plenamente a su poder.

Soy Mirabella –dijo simplemente.

Ni rayos, ni tormentas, ni desapariciones masivas de enemigos.

Y mi hermano está aquí –añadió.

Era cierto. Demon Torithánatos acababa de escapar del Multiverso, refugiándose de nuevo en sus planos.